Lo soy todo y no soy nada, pero es importante saberse nada sintiéndose todo.

3/4/2010

LOS 3 CENTROSEstos días de adaptación a una nueva situación, con consciencia, son muy importantes. Porque resulta que estoy físicamente sola, toda mi familia se ha ido de vacaciones. La casa vacía, el tiempo revuelto y trabajo, trabajo, trabajo, que me aleja también de mis amigos porque no hay tiempo, espacio o lugar de encuentro. Pienso mucho en Belén porque están este fin de semana de intensivo. Una familia reunida para ayudarse los unos a los otros a despertar, muchos niños revueltos, resistencias al cambio, a abandonar lo que ya somos, o fuimos, cerrando los ojos a lo que seremos o lo que podríamos ser.
Y ¿qué he visto en esta soledad física? Que duele, una se siente abandonada, y entra la ansiedad. Entonces me veo mirándola por primera vez, la soledad, no la que yo elijo, porque esa es de la niña, sino la que me toca a mi pesar. Entonces me digo ¿y si esto no fuera temporal? Consciencia de que me agarro a la familia, consciencia de que todo cambia, consciencia de que pueden no volver nunca, ¿podría vivir con ello? Me digo a mi misma que sí, pero estoy hablando de vivir, no de resignación, sino de Aceptación. Eso sería ponerme al límite, al límite del dolor, del sentir, de lo soportable. Sin embargo creo que podría hacerlo. Todo está en la mente porque ¿qué es la muerte sino un estado de ser? ¿ qué es la vida sino un estado de ser? Dos caras de la misma moneda. Hoy estoy viva y mañana quizá esté muerta, sin el peso de este cuerpo, sin la carga de esta mente parlanchina, sola en la inmensidad porque solo seré una con ella, luego no puedo estar sola pero tampoco acompañada, solo puedo ser, ser y ser, como una ola en el océano. ¿Y si la muerte no es tan diferente a la vida? Seguir viviendo. Y si no hay nada después de la muerte ¿qué más da morirse? Porque uno no pensará, no estará, simplemente dejará de estar para desaparecer y no podrá preguntarse ¿Por qué me he muerto? O lamentarse de todo lo que quería hacer en esta vida.
Mira dónde he llegado con la reflexión de la soledad, a la muerte, ¿es la soledad igual a la muerte? De alguna manera sí, porque tomo consciencia de lo prescindible que soy, de que mi paso por esta vida es como la millonésima parte de un grano de arena en un desierto, pero si no hubiese granos de arena en un desierto, éste no sería un desierto, por lo que soy importante, soy única. Si uno mira un grano de arena con un microscopio seguro que no encuentra otro que se le parezca.
Puedo pasar de ser tan pequeña que parezco invisible a ser lo más grande en un momento.
Lo soy todo y no soy nada, pero es importante saberse nada sintiéndose todo.

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