Cuatro de la tarde…

Cuatro de la tarde, calor de verano, silencio, brisa fresca, cielo azul, sentada en el jardín, a la sombra del castaño. Respiro profundamente, me preparo una taza de té al regaliz.
Me he cargado el cortacésped y no soy capaz de soltar la cuchilla que se ha torcido, una vez más voy a tener que pedir ayuda, es la desventaja de ser mujer, una tiene maña, pero no fuerza. Eso me puede un poco, tener que depender de alguien para algo, pero es ley de vida, a no ser que la vida me obsequie con una buena idea para hacer palanca. He ido progresando, he conseguido subir la cortadora para acceder a la cuchilla mucho más de lo que pensaba.
Ayer mi hermana me pasó el cd de Pecos, lo he estado escuchando hoy a mediodía, melancolía, vuelta a los 15 años otra vez.Llevo dos días soñando que no puedo abrir los ojos, resistencia a algo que no quiero ver de nuevo. Se inicia así un proceso de ver, aceptar y curar. ¿me llevará otra vez a los 15 años? ¿puede quedar todavía más por ver?
Sentada en mi jardín, rodeada de primavera verde florida real. Sintiéndome sentir, saco unas fotos del paisaje, del cielo, de los perros, del arlequín de madera, todo menos el cortacésped roto, que eso no lo quiero recordar. Momento de una vida, es increíble, todo el invierno esperando a que llegue y aquí estoy, rodeada de primavera sentada escribiendo, haciendo nada, solo estar, disfrutar del paisaje y de la tranquilidad que aquí se respira. Pienso en mis amigos trabajando con calor, gente, …, pobres, pero así estuve yo el domingo, hoy es mi domingo.
Cuando hace este tiempo siempre tengo sensación de vacío, sensación de que no lo estoy aprovechando bien, de que tendría que estar haciendo algo excepcional, divertido, ¿será eso que nos venden en la tele de “hay que disfrutar del verano: playa, fiesta, chiringuito y paella”?, pero, ¿qué mejor disfrute de la vida que esto? Silencio, paz, sol, aire, sombra, silla de playa, porche, te al regaliz, pájaros cantando, mis perros, estar conmigo misma…Pienso en mis temas de reflexión, tenía uno en mente hace un momento que se ha escapado. Viene Thor a sentarse a mi lado, foto al perro más guapo del mundo, una araña cae sobre el papel, negra y amarilla,y se va corriendo. Vuelvo al tema de reflexión: el viaje, la semana que viene o el fin de semana me voy, conmigo, con mi mismidad, todavía no he decidido si me llevo a Thor, ni sé dónde voy a ir, solo donde voy a terminar y de este punto 400kms a la redonda en los que perderme. Y ¿qué hace una cuando se va de vacaciones sola? Esta es una primera salida de prueba, a probarme mi soledad, mi miedo a lo desconocido, mi decisión o indecisión. Si todo va bien, la segunda será sin coche, porque el coche ya es una seguridad, así que quizá el camino de Santiago, salir de casa andando con mi mochila y mi mismidad como equipaje y nada más. Objetivo: caminar, caminar y caminar hasta que se me acaben los días, sin saber, sin planificar, sin respetar las etapas del camino. Yo y todo el tiempo del mundo para llegar a ningún lugar, para llegar adonde mis pies me lleven. ¡Eso sí!, par llegar al lugar en el que pueda dormir a cubierto porque todavía no me siento preparada para dormir debajo de un puente. O mejor me voy a Grecia, yo con mi mochila y a perderme en una isla, pero ¿qué más da el lugar? SI yo solo quiero encontrarme, o mejor volver y sentir que ya no soy yo, de nuevo verme transformada.
Acabo de leer un libro que habla de una tribu de aborígenes australianos que se cambian de nombre según se ven evolucionar. A mi me hubiese gustado cambiarme de nombre hace una larga temporada, hasta lo tenía elegido. Ahora me gustaría volver y sentirme lo suficientemente muerta y renacida como para cambiar otra vez y elegir aquél que represente a la que seré al volver.
Volver para darme cuenta de que ya no soy yo, no soy la que se fue, que esa nunca existió, que fue un sueño o que murió en el intento de ser.
Volver para vivir con un poco más de intensidad, de autenticidad y cambiar radicalmente como la culebra cambia de piel, sentir que vengo de prestado a esta experiencia encarnada y que nada me pertenece porque yo no pertenezco a esta tierra, a esto que llamamos vida, que solo me llevaré lo que llevo dentro de mí.
Oigo una avioneta, los pajarillos le hacen coro y Thor también con sus ronquidos, vuelvo a este momento, quizá es hora de prepararme para marchar. ¿podré transmitir desde mi corazón todo lo que me llevo de este rato? Todos los verdes del mundo en el paisaje, el aire suave que me acaricia, la paz, el silencio, la sombra del castaño…………

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